miércoles, 2 de junio de 2010

Entender la vocación de los hijos

El arte de educar es algo difícil, y a la vez es el mayor negocio que tienen los padres entre manos, es un equilibrio entre lo permitido y lo no permitido, entre el consentir y el exigir, entre el ejemplo y la relajación… En este contexto si la familia es cristiana y la vida de fe es uno de los valores que tienen como prioritarios, también es lógico que estos padres se ocupen y preocupen por vivir y enseñar a vivir a sus hijos el Primer Mandamiento de la Ley de Dios: AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS. Es en este ámbito y no en otro dónde se puede llegar a comprender la vocación de los hijos a la edad que sea.
Comprender no significa que no cueste entender, por varias razones:
- la primera porque el recibir una llamada específica y responder afirmativamente es algo personalísimo, que sólo el alma convocada conoce o intuye.
- la segunda, porque lo que podemos ver desde fuera está empañado de nuestra humanidad (o dicho de otro modo, nuestra visión es limitada, no es plena) y por tanto resulta, cuanto menos chocante, que una niña de 15 años pueda decirle a su madre que cree tener vocación a… cuando es su madre la que le recoge las Converse rosas todos los días de debajo de la cama. Este es el momento en el que la madre se pregunta “¿Cómo es posible que mi hija pueda tener un sentido del compromiso tal, que le de su vida por entero a Dios, si no sabe ni freír un huevo?”
Justo en el momento del huevo frito es cuándo hemos de meter el 3D en nuestra visión humana, porque estamos tratando una cuestión sobrenatural, un juego divino con instrumentos humanos. Os dejo con unas palabras de San Josemaría que creo pueden ayudar:


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